HISTORIA

Los comienzos

A mediados de 1961 Gerardo Novoa y su cuñado, Aldo Marchi comenzaron a concebir la idea de crear un nuevo club, donde se propiciara exclusivamente el deporte náutico. Otros amigos se sumaron a la idea y con todo entusiasmo pusieron manos a la obra. Con el fin de constituir una Sociedad que les permitiese iniciar cualquier gestión que les permitiese obtener un espacio físico necesario, se hicieron asesorar legalmente y formaron un grupo de personas – cuarenta en total – que integraron el Acta Fundacional. En aquellos momentos ya existían en las inmediaciones del predio que hoy ocupa el Club otros tales como el Sudeste, con un terreno menor que el actual, el San Martín, que había comenzado las obras un año antes y el Victoria, que también existía pero no como club náutico. El Barlovento había comenzado las obras un par de años antes por iniciativa de un grupo de veleristas separado del club Sarandí a raíz de diferencias planteadas entre veleristas y cruceristas. Es por ello que desde sus orígenes, ese club solamente admite Veleros. Hubo también conversaciones para fusionar el Albatros con el Barlovento pero estas finalmente no prosperaron. En principio el nombre fue Yacht Club Albatros y así figura en los primeros carnés de socio. Debido a que en los años 1962/63 se había prohibido el uso de nombres de nuevos clubes que incluyeran palabras extranjeras, se cambió la denominación por la actual de Club Náutico Albatros.

Las primeras reuniones de Comisión Directiva se realizaron en la Capital Federal en una oficina de propiedad de los socios Marchi y Novoa o bien en el domicilio particular de alguno de ellos o locales de negocio. Cuando el terreno del Club estuvo en condiciones la decisión fue la de contar con una sede en dicho predio. Es así como luego de ensayar diversas alternativas, como ser vagones de ferrocarril, casillas diversas, se dio forma a una pequeña casilla que sirvió hasta bien entrados los años 90.

 

Escudo

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Gallardete

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El terreno

Se analizaron dos alternativas: una de ellas eran 20 hectáreas de tierra entre el Barlovento y el Yacht Club Argentino cuyo principal atractivo era la costa del río Luján con buena profundidad. La otra era la llamada Playa Punta Chica, que obligaba a hacer un dragado mucho más importante, no sólo en el interior, sino también en el mismo banco de la playa. Dos días antes de presentar la solicitud a nombre del Albatros se interpuso, sobre las mismas tierras, una solicitud de otro club en formación llamado Atlántico. La Dirección de Turismo, laudando sobre el tema, otorgó diez hectáreas a cada uno pero nuestros fundadores, para evitar potenciales problemas legales en el futuro optaron por las tierras menos favorecidas de Punta Chica, sobre las cuales finalmente se asentó el Club. La franja de tierra asignada tenía 60 cm sobre el cero y una extensión de 13 hectáreas, extendiéndose desde unos 30 metros de donde actualmente tiene su sede el Club Náutico Sudeste hasta lo que es el Club Victoria.

Por una desafortunada sucesión de acontecimientos de orden administrativo y políticos de la época, se perdió parte de la superficie original del club, lo que hoy es Marina Punta Chica. Esta situación fue discutida en una Asamblea donde se acordó por mayoría hacer las gestiones necesarias para la recuperación de estos terrenos pero las mismas resultaron infructuosas.

El dragado

En realidad el predio de aquellos días era un pajonal rodeado de playa, inaccesible hasta para un bote y mucho menos para un barco. Los planes de preparación del terreno eran interesantes pero los fondos para realizarlos eran escasos. Surgió un contacto con Bunge & Born quienes en ese momento estaban abocados a rellenar un terreno de su propiedad – el actual San Isidro Chico – y necesitaban material para ese relleno. Se hizo un acuerdo con esa empresa y así fue como se empezó a trabajar con una enorme draga entregando parte del material para relleno del San Isidro Chico y parte para el propio Albatros. Así fue como se fueron consolidando los primeros terraplenes en una obra lenta y de gran paciencia dado que sólo podía trabajarse cuando la altura del río lo permitía. En 1965 se dio por concluido el acuerdo con Bunge & Born estando a ese momento dragada la bahía del Club Sudeste, el canal de entrada y una buena parte de la bahía principal. Finalmente, se obtuvo una pequeña draga de la Dirección Nacional de Hidráulica de la Provincia de Buenos Aires la cual trabajo exactamente durante un año y se retiró después de haber completado el dragado de la bahía principal, el canal de comunicación y parte de la bahía chica. Dado que los fondos eran escasos se obtuvo la colaboración económica del SOIVA y de la Sociedad Gallega que en aquel entonces lindaba con el Club. Se siguió avanzando en el dragado de la bahía de atrás hasta que se encontró una gruesa capa de tosca que dificultó el trabajo de la draga. El material extraído de la misma, se utilizó, entre otras cosas para el relleno del varadero. Comisiones Directivas posteriores se encargaron de terminar con pluma la remoción de la tosca encontrada. En una primera etapa, el material se fue acumulando en las zonas destinadas a ser tierra firme, hasta alcanzar una altura aproximada de 1,30 metros. Para seguir elevándolas fue necesario construir terraplenes perimetrales de modo de formar una especie de piletones que contuvieran el barro líquido que extraía la draga. Fue así como se consiguió una partida de bolsas de arpillera muy baratas por estar en malas condiciones, las que se llenaron con barro chirle y se las utilizó para construir una trinchera de 1,40 m de alto por 1,50 m de ancho. Esto fue lo que constituyó el actual perímetro del varadero y dársenas. Este arduo trabajo se llevó a cabo contratando personal cuando fue posible y por los mismos socios cuando no se contaba con obreros suficientes. Así fue como durante dos años y medio, Gerardo Novoa, Federico García y Aldo Marchi estuvieron yendo al Club todos los días que les permitían sus obligaciones de trabajo y permanecían trabajando hasta la caída del sol hombreando bolsas llenas de barro. Otro asocio de aquellos tiempos a recordar es Ismael Becchi, quien tuvo una destacada labor en el ámbito de la Comisión Directiva. Los demás socios concurrían los fines de semana y volcaban allí toda su voluntad y esfuerzo.

Los primeros socios

Para continuar con las obras de dragado había que recurrir a fondos propios que no se tenían. Se convocó a una asamblea para tratar el tema la cual decidió hacer una rifa y convocar a una conscripción de socios. De la rifa sólo se vendieron la mitad de los números entre los cuales estuvo el premiado con lo cual, prácticamente sólo se recuperaron los gastos y no se obtuvo ningún beneficio para la obra. Se propuso la idea de hacer socios vitalicios, lo cual era muy difícil de concretar dado que para acceder a esa categoría se debían pagar treinta años de cuota social, suma muy importante si se considera que el Club Náutico Albatros era sólo un proyecto en aquellos días. No había obras concretadas significativas ni se ofrecía ningún servicio, lo cual hacía menos atractiva la idea de ser un socio vitalicio de un Club en proyecto, sin la seguridad de que los fundadores finalmente concretaran las obras mínimas necesarias para poner en marcha el ansiado Club. El único beneficio más o menos tentador que había era la amarra vitalicia sin límite de eslora y una pequeña facilidad de pago de las cuotas. A pesar de todo lo comentado, se consiguieron veintinueve personas que pagaron treinta años adelantados de cuota social. Eran otras épocas. Eran personas que tenían fe y confianza absoluta en que los trabajos se iban a terminar y en que el dinero estaría en manos de gente que no los iba a defraudar. Y así fue.
Algo para destacar, los Sres. De Stéfano y Restivo, pagaron el importe al contado y nunca concurrieron al Club. Nunca lo usaron porque no eran nautas.
Cuando se estaban terminando los trabajos más grandes de dragado y de construcciones estaba también comenzando una nueva época de la náutica en el país, los barcos de plástico. Este cambio fue revolucionario ya que la náutica comenzó a ser cada vez más accesible a la gente y la primera consecuencia que esto produjo fue la necesidad de contar con amarras para una cantidad creciente de embarcaciones. Los clubes más antiguos de la zona comenzaron a saturarse y nuestro club contaba cada vez con más demanda de amarras. Llegó a haber en un momento y de manera permanente una lista de espera de entre 10 y 15 embarcaciones las cuales iban entrando a medida que se iban terminando de construir las amarras. Eso dio una continua entrada de dinero que se aplicó sistemáticamente a las obras de infraestructura del Club.

El varadero

Otra de las incorporaciones de aquellos tiempos fue el varadero. A través de un acuerdo por 10 años con el astillero Marcos, se construyó el varadero, la rampa y un malacate para subir barcos con anguilera y dos galpones. A los cinco años del contrato, Marcos debió trasladarse a un espacio de mayores dimensiones. Como todavía no se había concretado la construcción de una pluma que figuraba en el compromiso, se llegó a un acuerdo quedando en poder del Albatros como compensación la totalidad del galpón grande del fondo que fuera aprovechado por el Club de diferentes maneras. Escuela de náutica, optimera, pañol y talleres de permisionarios. Una vez definido el perfil de la bahía de atrás y a pesar de lo cara que era la obra debido a la dureza de la tosca, el trabajo fue terminado mediante el uso de dragas con trépanos especiales. El boom de la náutica permitió obtener los recursos necesarios para su concreción.

Los Pañoles

En el año 1977 se concluyó la obra de los pañoles que se encuentran frente a los vestuarios. Posteriormente en el año 1993 se terminaron los pañoles del fondo que están ubicados frente a la marina A y a fines del año 2005 concluyó la obra de los nuevos pañoles que se hayan ubicados entre los primeros construidos y el varadero. Estos últimos están construidos a 4,50 m sobre el cero y debido a la altura sobre el nivel del piso, esas instalaciones cuentan con un montacargas para facilitar el acceso de elementos voluminosos o pesados a los mismos.

El Quincho

En el año 1978 finalizó el cerramiento del quincho grande para ser usado como comedor y se lo dotó de cocina y depósito para su concesionario. También se adquirieron sillas y mesas. En el año 1994 finaliza la obra que dio lugar a las parrillas en la parte de atrás del quincho dando respuesta a las necesidades expresadas por los socios en aquel momento.